Los talibanes y el error de acoger a Osama Bin Laden

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Alojar al líder de Al Qaeda Osama Bin Laden y permitirle planificar los ataques del 11 de septiembre desde suelo afgano fue un error que los talibanes pagaron con la pérdida de poder y que ha madurado durante dos décadas.

Los ataques al Pentágono y las Torres Gemelas “fueron el pretexto de que Estados Unidos sirvió para invadir nuestro país”, reconoció en declaraciones a Efe en 2011 el excanciller de los talibanes, Wakil Ahmed Muttawakil.

“Bin Laden nos ha dado un fuerte dolor de cabeza”, admitió.

Una década después, los talibanes han recuperado el gobierno y han querido dar sentido a la comunidad internacional que han aprendido la lección de hace veinte años; aseguran que no buscan enemigos y pretenden mantener ‘buenas relaciones con todos’.

A diferencia de otros grupos islamistas como la propia Al Qaeda y el Estado Islámico, los talibanes no han atacado a Occidente.

Pero su ideología sigue estructurada por la yihad, que exige llevar la guerra santa donde sea que esté el infiel.

Y en el territorio bajo su control, la sharia o la ley islámica someten al creyente a un código de conducta severo, si no brutal.

PAKISTÁN, CHINA Y RUSIA, POR ESTE ORDEN

“Si los talibanes no hubieran apoyado a Bin Laden, no habrían sido detectados por el radar global”, subraya el analista Uday Bashkar, director de la Sociedad de Estudios Políticos, un grupo de expertos especializado en temas de seguridad en el sur de Asia.

El experto cree que han aprendido del precio que pagaron por 2001, pero solo desde el punto de vista del pragmatismo político.

“Ahora usan mucho mejor la tecnología, la comunicación y la diplomacia, especialmente en sus tratos con Estados Unidos”, afirma.

Bashkar advierte, sin embargo, que su ideología “es la misma”.

Ella prevé que su nueva llegada al poder tendrá un bastión no solo en la región del sur de Asia, a la que pertenece Afganistán; también en Oriente Medio y Asia Central, con los que el país comparte fronteras y donde están en juego intereses cruciales.

“Necesitan reconocimiento regional y en este sentido, Pakistán está primero en su agenda -de donde surgieron en la década de 1990 y que tradicionalmente ha servido como base y refugio- y luego China y Rusia, en ese orden”, dice. él.

IRÁN Y ARABIA SAUDITA COMO MODELOS

También Eva Borreguero, catedrática de Ciencia Política de la Universidad Complutense de Madrid, opina que los talibanes “han aprendido la lección”, y que “como cuestión de supervivencia van a intentar evitar conflictos con las grandes potencias”.

Ella pronostica que su estrategia los llevará a mostrar un rostro templado en el corto plazo pero que en el mediano y largo plazo “tendremos que ver cómo se desarrollan los hechos, porque son de otra generación pero su fundamento ideológico sigue siendo el mismo”.

“Intentarán mostrar una nueva imagen en el exterior en las ciudades, bajo el escrutinio de los medios occidentales, pero no sabremos qué pasará en las zonas rurales más remotas”, dice.

Borreguero cita a la República Islámica de Irán y al Reino de Arabia Saudita como posibles modelos para el nuevo régimen talibán.

Tanto el Irán chiíta como la Arabia Saudita wahabí han establecido gobiernos de origen teocrático cuyo rigor y violación sistemática de los derechos humanos no les ha privado de un lugar en la comunidad internacional de naciones o de un reconocimiento en orden.

El nuevo régimen talibán puede servir, a su vez, como modelo para los grupos radicales en África, “especialmente en el asedio del poder”.

El académico apunta que, en cualquier caso, los talibanes “intentarán alcanzar el máximo grado de ortodoxia que les permita sobrevivir”.

NI OBAMA, NI TRUMP, NI BIDEN; ARBUSTO

Parte del debate de esta semana se ha centrado en la responsabilidad de los sucesivos presidentes estadounidenses por el fracaso político, militar y diplomático del regreso de los talibanes a Kabul.

Se ha culpado a Barak Obama por iniciar la retirada militar estadounidense, a Donald Trump por negociar la retirada y a Joe Biden por precipitar la salida del ejército estadounidense del avispero afgano.

Sin embargo, fue el antecesor de todos ellos, George W. Bush, quien ordenó la invasión militar de Afganistán tras los atentados del 11-S, y en circunstancias que algunos dudaban.

En sus declaraciones a Efe, el exjefe de la diplomacia talibán Muttawakil negó en 2011 “rotundamente” haber avisado con antelación a la administración Bush de que Al Qaeda estaba organizando un ataque con aviones contra Estados Unidos.

Así lo afirmó entonces el líder islamista uzbeko y aliado de los talibanes, Yohir Yo’Idosh; Sea o no esa versión -y se transmitió el aviso o no- los ataques se llevaron a cabo de cierta manera, y de manera consecutiva, la invasión norteamericana al país del sur de Asia.

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