Iraníes no tienen mucha fe en reactivación de pacto nuclear

La firma del pacto permitiría a Irán vender petróleo en los mercados internacionales, recuperar los activos congelados en otros países y mantener unas relaciones económicas normales con otras naciones

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Los iraníes aguardan con pocas expectativas la reactivación del pacto nuclear de 2015, que supondría el levantamiento de las sanciones estadounidenses y con ello un presunto alivio para una economía asediada por la inflación y una débil divisa.

La reactivación del acuerdo que limitaba el programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de las sanciones económicas parece más cercano que nunca, tras 16 meses de negociaciones entre Irán y Alemania, Francia, Reino Unido, China y Rusia, y Estados Unidos de forma indirecta.

La firma del pacto permitiría a Irán vender petróleo en los mercados internacionales, recuperar los activos congelados en otros países y mantener unas relaciones económicas normales con otras naciones.

Pero muchos iraníes no están convencidos de que los beneficios económicos del acuerdo lleguen a la población, a falta aún de que se cierre el pacto dado que aún quedan cuestiones pendientes entre Washington y Teherán.

“El hecho de que haya un acuerdo no es muy importante porque no influirá en nuestra vidas”, dice a Efe Elham, una vecina de Teherán de 58 años.

Elham considera que la firma del acuerdo quizás ayude a que sea más fácil encontrar algunas medicinas y otros productos en el país, pero no espera que “suponga un respiro” para la población debido a la “alta corrupción” de la clase política.

“Trabajamos solo para comer”, se lamenta Elham en el bazar de Tajrish, en el norte de Teherán.

En el mismo concurrido bazar, Hosein, un tendero de 60 años, duda de que el acuerdo baje el precio del pan o cambie la vida de una población que en su opinión cada vez vive peor.

“La tienda da solo para comer. La situación es difícil para todos y no tenemos esperanzas en el futuro”, afirma.

Hosein cree además que podría repetirse la situación de 2018, cuando el entonces presidente estadounidense Donald Trump sacó a su país del pacto y reimpuso sanciones contra Irán, con lo que los beneficios del primer acuerdo fueron escasos.

“Cuando vengan los republicanos otra vez estaremos en problemas”, afirma en referencia a que es la administración demócrata del presidente estadounidense, Joe Biden, la que está tratando de cerrar el acuerdo.

Las opiniones de Elham y Hosein son las predominantes en el popular bazar de Tajrish, donde ninguna de las 20 personas a las que se preguntó si el acuerdo nuclear mejoraría la situación económica respondió afirmativamente.

Descontento

La población iraní se encuentra muy descontenta con la situación económica del país, golpeado por una inflación galopante -en torno al 40 %-, las sanciones estadounidenses y la pandemia del coronavirus.

Este mal momento económico se ha visto reflejado en las calles, con protestas en los últimos meses por la subida de precios y la carestía de la vida.

En mayo hubo protestas en varias ciudades por la subida del precio del pan y otros alimentos básicos por la eliminación de subsidios del Gobierno, que se cobraron la vida de al menos cuatro personas en choques con las fuerzas de seguridad, según Amnistía Internacional.

A ello se sumaron protestas de jubilados que pedían una subida de sus salarios en junio y julio, las manifestaciones de profesores que desde hace meses piden aumentos en sus sueldos o las de ciudadanos en varias ciudades por la sequía.

Así las cosas, un acuerdo que permita a Irán vender petróleo en los mercados internacionales, recuperar los activos congelados en otros países y mantener unas relaciones económicas normales con otras naciones debería reflotar el país.

Pero no es tan sencillo.

Ideología revolucionaria

“El problema económico de Irán no es solo el levantamiento de las sanciones”, dice a Efe el analista económico Mahmud Jamsaz.

El economista considera que el país persa cuenta con unas “políticas económicas ineficientes”, centradas en “la ideología” de la Revolución Islámica y no tanto en el crecimiento.

“La ideología (de la Revolución Islámica) es prioritaria a los intereses nacionales. La economía no es la prioridad”, asegura Jamsaz.

Para el experto la “economía sirve para alcanzar los objetivos ideológicos” y no tanto mejorar la vida de la población.

Y a ello se suman otros factores, como son las sanciones que el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), principal organismo internacional contra el blanqueo de capitales, impuso contra Irán en 2020.

Esas sanciones dificultan las transferencias internacionales y aíslan financieramente al país persa, cuya crisis financiera se deriva en parte de las medidas del GAFI, según Jamsaz.

En 2015, cientos de iraníes se echaron a las calles para celebrar la firma del acuerdo nuclear ante las expectativas de una vida mejor.

Ahora, no está claro que se produzcan celebraciones callejeras.

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