Brahms, Bach y Chaikovsky en Temporada Sinfónica 2022

Estos tres grandes de la música serán dirigidos por la batuta del Maestro Santy Rodríguez

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Johannes Brahms (1833 – 1897) compuso su Obertura Festival Académico en 1880. En 1879 la Universidad de Breslau (Polonia) le concedió el título de Doctor en Filosofía. Brahms se sintió halagado y envió una postal de agradecimiento a la facultad. Su amigo Bernhard Scholz, Director de Música de Breslau, le escribió informándole que la universidad esperaba  su gratitud en forma musical. Durante sus vacaciones en Bad Ischl, Austria, en el verano de 1880, Brahms escribió su “muchas gracias” musical: la Obertura del Festival Académico. Con un magistral equilibrio de elementos serios y ligeros se hace hincapié en el “festival” más que en lo “académico” en una obertura que rebosa un sentido de diversión irrefrenable. 

El director asistente de la Orquesta Sinfónica Nacional de RD, Maestro Santy Rodríguez, será el director de esta obertura y de la Sinfonía de Chaikovski que cierra el programa, pues luego de la obertura nos remontaremos al barroco, donde la figura del director de orquesta todavía no existía como tal y era el principal de los violines, generalmente, quien ejecutando su instrumento ejercía estas “funciones”. No es hasta el siglo XIX que aparece la figura del director que conocemos hoy en día. 

Escucharemos, a seguidas, dos conciertos de Johann Sebastian Bach (1685- 1750), en ambos la orquesta se reduce a una orquesta de cuerdas y la concertino de la OSN, Zvezdana Radojkovic, violinista, y violista será la solista y directora.

Por muy conocidos que son los dos conciertos de violín de Bach, que han sobrevivido, no se sabe casi nada de sus orígenes. Cuándo, dónde o por qué los escribió. Muchos los atribuyen a los años entre 1717 y 1723, cuando era Capellmeister (maestro de capilla) en la corte del Duque de Anhalt-Cöthen. La única evidencia existente del Concierto en La menor, BWV 1041, de la letra de Bach es un conjunto de partes que datan de sus años en Leipzig.  

Bach fue un violinista capaz, al que le gustaba dirigir sus orquestas mientras tocaba la viola, o el violín. El compositor amplió los horizontes del violín como instrumento armónico y contrapuntístico “completo” en sus partitas y sonatas no acompañadas. El final de este exquisito y perfecto concierto combina el ritmo y el tacto de la giga (el último movimiento tradicional de la suite barroca).

La piedra angular orquestal de la música de Bach es la colección de seis conciertos que dedicó al Magrave de Branderburgo en 1721. De estos seis conciertos tendremos la oportunidad de escuchar el último, el sexto, en si bemol mayor, BWV 1051, escrito para dos violas, cembalo y cuerdas, en tres movimientos. Zvezdana Radojkovic tendrá el papel de violinista principal, y la segunda viola, de la sección de violas de la OSN, Víctor Torres. 

Los conciertos de Brandenburgo constituyen quizás la antología instrumental diversa más brillante jamás reunida. Son célebres por la ambiciosa combinación de los instrumentos solistas y su elegante contrapunto. Además, se los considera como la combinación perfecta del imperioso estilo barroco alemán y el gusto alegre de compositores como Antonio Vivaldi. No hay dos conciertos escritos para la misma combinación de instrumentos y la consiguiente gama de colores casi no tenía precedentes. Los conciertos son ricos, joyas, en donde reina un ambiente de música de cámara concentrada. El conjunto es equilibrado y cada concierto se declama con la sintaxis fraseada pausada y articulada de una conversación elevada.

Luego del intermedio escucharemos una gran sinfonía. En 1888, después de una brecha de más de una década, el compositor ruso Piotr Ilich Chaikovski (1840 -1893) estaba decidido a demostrar que podía escribir una sinfonía dentro de las líneas clásicas occidentales. Esta Quinta Sinfonía, proporcionada en sus cuatro movimientos, presenta solo timbales entre la percusión. La figura todopoderosa del “destino” que dominó la Cuarta Sinfonía acecha. La melancolía se presenta en el inicio del primer movimiento, antes de dar paso a un “allegro” que el compositor describió como “murmullos, dudas y lamentos”, quizás una referencia a su homosexualidad. La providencia irrumpe dos veces en la escena del maravilloso movimiento lento, luego viene el gran andante cantabile y, brevemente, un elegante vals. En el final, el carácter cambia a una especie de noble desafío y después de una vigorosa batalla, emerge ruidosamente como el vencedor en un triunfante final. En esta sinfonía tendremos nuevamente al Maestro Santy Rodríguez en el pódium.

Nos volveremos a encontrar en el concierto final de la Temporada, la misa de Réquiem de Giuseppe Verdi, el 9 de noviembre.

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