Las divagaciones de Freddy Ginebra

Cuando niño soñaba con viajar, conocer gente y tener muchos amigos. Poco a poco se me han ido cumpliendo todos esos sueños. En el otoño de mi vida parece el Creador decidió antes de regresar al hogar de donde todos venimos hacer viable esos sueños. Ahora viajar se ha complicado un poco, usar mascarillas, largas

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Cuando niño soñaba con viajar, conocer gente y tener muchos amigos. Poco a poco se me han ido cumpliendo todos esos sueños. En el otoño de mi vida parece el Creador decidió antes de regresar al hogar de donde todos venimos hacer viable esos sueños. Ahora viajar se ha complicado un poco, usar mascarillas, largas filas en los aeropuertos, mantener distancia, llenar papeles, pasar migración que, según los países, unos más complicados que otros. Pero con todo y esos retos me atrevo a casi mis ochenta años a seguir dando mis paseos por el mundo y disfrutarlo. 

Soñé con ser artista y, sorpresa de la vida, viajo ahora como artista contando mis historias a diferentes partes del mundo: La Habana, Madrid, Barcelona, Costa Rica, Chicago, Montevideo, Medellín, Manizales, Córdova, solo por mencionar algunos. El cine, que era un sueño lejano, ya es una realidad vivida. He participado en una decena de películas. Se puede decir a los ojos del mundo que soy un anciano afortunado. 

Todas esas experiencias son maravillosas y me han costado mucho, nada ha llegado por casualidad, pero si tuviera que valorar lo que me produce más satisfacción es que cuando viajo sé que a mi regreso me espera mi familia y mi hogar. Cuando el avión aterriza siento que me brota el merengue en la sangre, me dan deseos de bailar, de celebrar y cuando abro la puerta de mi casa, cada objeto que contemplo me dice algo.

La mesa me habla de familia, de unión, esposa, dos hijos, cuatro nietos, la lámpara que ilumina ese espacio, heredada de mis abuelos me recuerda mi historia, y así cada uno de los rincones me va contando cosas, y mi corazón se llena de un gozo difícil de explicar. Si los viajes son maravillosos, el regreso es mucho más. Imagino así será al regresar al inicio de la vida.

Es hermoso haber podido llegar a esta edad y ver el camino recorrido. He pasado momentos difíciles, a veces tomé decisiones equivocadas, fracasé en algunos intentos, recibí golpes que me hicieron dudar de una posible felicidad, pero pude levantarme, de algunos episodios más rápido que de otros. El recorrido parece aún no termina, los retos a pesar de mi avanzada edad siguen apostando a lo imposible, mi mirada a veces se enturbia con el mundo en que vivo y siempre, siempre algo dentro de mí me grita que debo de llegar a la meta con mi esperanza siempre fresca, simple, de que un Dios me estará esperando. 

El mundo que vivimos hoy cada vez hace más compleja la existencia, el dios dinero y el dios poder, cual enfermedades muy contagiosas, contaminan a la humanidad. Hay mañanas en que pienso en mis hijos y nietos y tengo temor de que esta selva de confusiones en que vivimos obnubilen sus cimientos de fe. ¿Existe un Dios que premie lo bueno y castigue lo malo? Me preguntó mi amiga Soledad y luego mirándome a la cara insistió: ¿Tú crees en eso? Tiene que haberlo -le dije sin dudar un segundo-. Esta vida que llevamos no es suficiente para los que exigimos y esperamos más. Esta vida es demasiado corta y la otra una eternidad. ¡Dios nos libre de que no haya Dios!

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