Demi Moore, una carrera de luces y sombras

La estrella de los noventa ya tiene 60 años y se se encuentra en una etapa feliz y serena de su vida

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Demi Moore ha cumplido 60 años, espléndida y bella como siempre, pero más serena y relajada que nunca. Y se le nota. Sobre todo, desde que se abriera por dentro y contara al mundo no solo los episodios amables de su vida sino también los más oscuros que siempre ocultó por vergüenza. “Ya no hay nada que tenga que esconder o proteger”, reconoció Moore refiriéndose a sus tres hijas, de su matrimonio con Bruce Willis, ya mayores de edad.

Lo contó todo y se liberó de esa losa. Adicciones al alcohol, a las drogas, traumas infantiles y problemas de peso con su cuerpo, a pesar de poseer un físico envidiable, y hasta una violación a los 15 años, consentida por su propia madre, alcohólica, fueron algunas de las vivencias traumáticas que la actriz desveló en sus memorias, “Inside Out”, un libro “desgarradoramente sincero” en el que Moore cuenta que se culpó hasta de un aborto que sufrió y de no poder quedarse más veces embarazada debido a su alcoholismo.

Demetria Guynes (Nuevo México (EE.UU.), el 11 de noviembre de 1962) tuvo una infancia tremenda. Se crio en un camping de caravanas que en Estados Unidos era sinónimo de pobreza y marginación y en una familia desestructurada. No conoció a su verdadero padre, su madre se lo ocultó por lo que creció pensando que era hija de Danny Guynes, el marido de su madre, un desequilibrado alcohólico -como ella- que acabó suicidándose. Se enteró a los catorce años. Nació de una corta relación de dos meses que su progenitora mantuvo con un militar y que prefirió ocultarle. Antes, con sólo 12 años la pequeña Demi ya la había salvado de un intento de suicidio con pastillas.

A los 15 años fue víctima de una violación en su propio domicilio y con el consentimiento de su madre. Un día llegó a su casa y se encontró con un hombre mayor, amigo de su madre… “Fue una violación, y una traición devastadora” y “ella dio permiso para hacerlo”, confesó la actriz.

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Demi Moore en una imagen de archivo de 2021, en Londres. (EFE/EPA/VICKIE FLORES)

Moore acabó dejando en cuanto pudo la escuela secundaria para dedicarse al espectáculo. Al llegar a Hollywood, tan joven y arrastrando esa infancia, reconoce que tapó todas sus inseguridades con las drogas y el alcohol para terminar cumpliendo ese tópico de casarse muy joven para huir de una situación inestable. Se casó a los 18 años en 1980 con el músico de rock Freddy Moore, doce años mayor que ella, de quién tomó el apellido y del que se divorció a los cuatro años.

Tras un brevísimo noviazgo contrae de nuevo matrimonio en 1987 con el actor Bruce Willis convirtiéndose en la pareja de actores más bien avenida de Hollywood. Poco se supo entonces que Moore ya tuvo que ingresar en esos años en un centro de rehabilitación por su adicción al alcohol y a las drogas.

Sus trece años de matrimonio con Willis fueron años felices para la actriz, tuvo a sus tres hijas (Rumer, Scout y Tallulah), y pese a que pasó por muchos altibajos, siempre encontraba en su marido y en sus hijas “la tabla de salvación donde agarrarse y continuar”, como ella lo define.

Tras separarse Willis confesaría que ambos habían tenido que soportar las adicciones del otro. Sin embargo, si fueron la familia modelo, convertidos en un ejemplo de armonía por el bien de sus hijas y de su familia, quizás esa que nunca tuvo la actriz en su infancia.

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Demi Moore y su hija Rumer en una imagen de 2020. (EFE/EPA/RINGO CHIU)

En 1990 le llega el éxito con “Ghost” (1990), película con la que se convierte en icono de una nueva feminidad, y se atreve hasta con un desnudo embarazada para la portada de Vanity Fair. A mediados de esa década pocas actrices había más famosas que la Moore, y no solo como actriz sino como estrella supertaquillera.

Con títulos como “Una proposición indecente” (1993), Moore había interpretado a mujeres fuertes en “Algunos hombres buenos” (1993) o en “Acoso” (1994) y una carrera ascendente, no se encajó bien que se convirtiera en la actriz mejor pagada por una película como “Striptease” (1996) por la que cobró 12,5 millones de dólares, y solo por lucir palmito. Las malas críticas recibidas, la poca credibilidad de Moore como madre desesperada y sin recursos (que ni baila así ni tiene ese cuerpo de gimnasio y de silicona), junto al poco éxito comercial marcó su punto de inflexión. “Una de mis decisiones más arriesgadas fue hacer `Striptease´. Siento como si con ella hubiese traicionado a las mujeres y así me lo hicieron saber”, reconoce la actriz

“La teniente O Neil” (1997), pese a estar dirigida por Ridley Scott y con Viggo Mortensen al lado, fue otro fracaso con un Premio Razzie a la peor actriz incluido. Moore se retiró unos años. Su único papel reseñable fue en “Los Ángeles de Charlie: al límite” (2003), pero nuevamente su escena más recordada es en bikini.

En ese mismo año, 2003 irrumpe en su vida el joven actor, Ashton Kutcher, 16 años menor que ella, del que se enamora perdidamente, se casan dos años después y se queda embarazada enseguida. Sufre un traumático aborto a los seis meses de embarazo, vuelve a intentarlo con tratamientos de fertilidad, pero sin éxito, y en todos los casos Moore se culpa de su fracaso por su alcoholismo.

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Demi Moore en una imagen de archivo, fechada en 2009 junto a su entonces pareja, el actor Ashton Kutcher. (EFE/ADRIÁN SÁNCHEZ GONZÁLEZ)

En noviembre de 2011 la actriz harta de infidelidades anuncia su separación, un durísimo golpe para Moore del que le costó reponerse. En enero es ingresada por sobredosis tras asistir a una fiesta. Será ahora, tras esta rehabilitación cuando la actriz por fin se abre y reconoce sus problemas en público para dar ejemplo -dice- de que se pueden superar las etapas negras de la vida: “Durante años estuve en una espiral, en un camino de verdadera autodestrucción”, reconoció.  Y aunque muchos vieron nuevos motivos de alarma, sin una carrera de peso, nuevamente divorciada, volviendo a los problemas del pasado…, no fue así.

Cuenta Demi Moore que con la madurez ha conseguido cambiar sus prioridades: La eterna juventud, las cirugías estéticas, su obsesión por el peso, ya no son sus prioridades. Ahora su vida está centrada en su salud y en la de su familia, la que tiene con Willis, (que sufre afasia, una dura enfermedad degenerativa), con los que mantiene una excelente relación familiar, que se reúnen con asiduidad, incluso la pandemia la pasaron juntos…

Hoy en día combina sus papeles secundarios en televisión o series como “Empire”. Y si es cierto que su trayectoria cinematográfica no se ha caracterizado por grandes interpretaciones, su fama obedece a ser un icono de los años ochenta-noventa también lo ha sido por haber sabido mantener su carisma como estrella a lo largo de varias décadas superando unos orígenes durísimos y unas destructivas adicciones. Una mujer que, por encima de todo, ha sabido mantenerse y ser relevante por sí misma.

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