Una mujer dedica su vida a cuidar sepulcro de Carlos Gardel

Edith Beraldi cuida la tumba del ‘Zorzal criollo’ desde el 2018 cuando la encontró en estado de abandono

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En un paseo repleto de tumbas profanadas y panteones ultrajados, con vidrios rotos y cerraduras forzadas, la figura del cantor de tango Carlos Gardel emerge con pose desafiante en el cruce de las calles 33 y 6 de esa pequeña urbe que es el Cementerio de la Chacarita.

Las flores caídas de los ibirapitás inundan de amarillo, en una primavera achicharrada de calor, el camposanto más grande de Buenos Aires, que también es la última morada de otras relevantes figuras del tango como Roberto Goyeneche, Tita Merello, Enrique Santos Discépolo, Aníbal Troilo y Francisco Canaro.

Este domingo, el ‘Zorzal criollo’ cumple -porque los ‘gardelianos’ hablan de él en presente- años y Edith Beraldi arranca, mientras atiende a EFE, cualquier mínima telaraña para que el mausoleo donde reposan desde 1937 sus restos y los de su madre, Berthe Gardés, luzca limpio y cuidado, como hace cada sábado desde 2019.

“Gardel, en este momento, personalmente es sumamente importante porque vino, quizás, a suplir ese vacío que dejaron mis padres al fallecer” con una diferencia de 10 meses entre 2014 y 2015, explica Beraldi, quien reconoce que su “admiración” por ‘el Mago’ viene “desde la cuna”, porque con su progenitor “era habitual hablar de él, mirar sus películas, escuchar sus canciones”.

Si la tumba de Jim Morrison en París está inundada de mensajes, regalos diversos y botellas de whisky, siempre hay flores frescas y cenizas de cigarrillo a los pies de la escultura que representa a Gardel con la mano izquierda en el bolsillo del pantalón y la derecha con los dedos entreabiertos, como quien espera un ‘pucho’.

“Desde que tengo uso de razón, yo venía y mi papá me alzaba y le poníamos un cigarrillo encendido y eso se sigue haciendo, porque se sigue transmitiendo. Algunas personas dicen que le piden deseos y si el cigarrillo se consume se cumplen”, detalla esta argentina de 57 años que confiesa haber logrado alguna petición tras prenderle un ‘Chesterfield’ -la marca favorita de Gardel-.

Cuidadora oficial

Beraldi pertenece a la Fundación Internacional Carlos Gardel, que desde agosto de 2018 tiene la cesión de derechos del intérprete y compositor, con el compromiso de custodiar y revalorizar su memoria y su legado, según explica la web oficial.

Desde ese momento, la tumba, que había atravesado momentos de abandono, pasó a ser cuidada por Edith Beraldi.

Esta grafoanalista de formación viaja los sábados desde Avellaneda (provincia de Buenos Aires) en su auto, en el que lleva los utensilios de limpieza y un libro de visitas, que descarga y deja a la vista para que admiradores y curiosos escriban sus mensajes.

“Me quedo hasta que cierra el cementerio, hasta las cinco de la tarde. A veces unos minutos más, porque viene mucha gente y uno se queda siempre conversando”, comenta y reconoce que, durante la semana, siempre lleva la llave encima por si tiene tiempo de pasar a “abrir, ventilar un poquito y mantenerlo siempre prolijo”.

Mensajes de agradecimiento y amor colman el muro exterior del mausoleo, del que cuelgan placas de países como Japón, Colombia, Ecuador, Puerto Rico, Estados Unidos o México, mientras la ‘gardeliana’ detalla que muchas anécdotas vividas ahí la “conmueven”, como un joven ruso que “amaba el tango” y llegó “ansiando conocer este lugar”.

“Gardel es eterno”

En el interior, al que se desciende por una pequeña escalera, pueden verse flores, fotos familiares y dos féretros cubiertos por sendos cubreataúdes -bordado el de Gardel con el típico fileteado porteño- que, agrega Beraldi, confeccionó su hija.

Precisamente, cuando habla de las nuevas generaciones dice que el amor por el ‘morocho del Abasto’ sigue “vigente”.

“Se fueron mis padres, se fueron muchos amigos de ellos, todos ‘gardelianos’, pero esto está siempre lleno. Se van renovando porque creo que Gardel es eterno y lo bueno se sabe valorar”, resume.

Beraldi lleva impresa la pasión por Gardel. No es una frase hecha. Su brazo izquierdo luce la firma del ‘Zorzal criollo’, que se tatuó al mismo tiempo que su padre, cuando este estaba a punto de cumplir 80 años y ambos decidieron llevar a ‘Carlitos’ no solo “en el alma”, sino “en la piel”.

Posteriormente, sumó una silueta de Gardel en su antebrazo derecho.

Cuando se le consulta sobre qué supone su figura para el mundo de la música, no duda en afirmar que “culturalmente hizo un aporte valiosísimo” y resalta “las innovaciones, logros que nadie logró alcanzar al día de hoy”, como grabar un dúo con su voz en dos tonos o cantar a capela en una radio de Nueva York mientras sus músicos estaban en una emisora de Buenos Aires. “Increíble”, resume.

Su voz, eternamente joven, anclada en aquel 24 de junio de 1935, cuando perdió la vida en Colombia, volverá a cantar “De flor en flor”, “Secreto” o “El día que me quieras” junto a numerosos ‘gardelianos’ para festejar este 10 de diciembre su cumpleaños en el que Beraldi llama “el altar del tango“. 

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