Despersonalizando el Juego: el riesgo de dejarse llevar por las emociones

El doctor Jovanny Montero da pistas sobre la rivalidad Puerto Rico-República Dominicana

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Uno de los factores que más afecta el desempeño deportivo sin importar el tipo de deporte que se esté realizando (individual o de conjunto) es la personalización. En otras palabras, tomarse la competencia de manera personal o asumiendo una postura de lo que se dice, se hace o se insinúa tiene una connotación particular: “habló de mí”, “me ofendió” o simplemente “le vamos a demostrar que somos mejores que ellos”.

Esa postura emocional, no permite que el juego se desarrolle y por lo tanto el desempeño se reduce significativamente. Aquellas cosas que puedo hacer con facilidad, bajo la sombrilla emocional de tomar el juego personal hace que no sean tan fáciles de realizar.

La personalización del juego aleja a los jugadores de su zona de desempeño óptimo, que es la zona en donde se pueden dar grandes jugadas y sin importar lo que suceda el enfoque se mantiene intacto.

Históricamente la República Dominicana y Puerto Rico han sido eternos rivales deportivos, en esta ocasión no ha sido diferente y en los días previo al encuentro en el Mundial de Baloncesto las redes sociales se inundaron de comentarios algunos despectivos y otros fuera de toda lógica, en los que se analizaban las plantillas de ambos conjuntos y la capacidad de algunos jugadores. 

La rivalidad deportiva entre los dos países ha sido una constante en diversos deportes, como el baloncesto, el béisbol, el voleibol, entre otros. Esta dinámica competitiva merece un análisis profundo para contrarrestar la personalización excesiva de los jugadores, un fenómeno que ha sido objeto de estudio en numerosas investigaciones.

Estudios realizados en el ámbito deportivo han revelado los efectos perjudiciales del descontrol emocional durante las competiciones. Por ejemplo, un estudio publicado en el Journal of Applied Sport Psychology en 2019 analizó el impacto de la personalización excesiva en los atletas de alto rendimiento. Los resultados demostraron que aquellos que se tomaban la competencia de manera personal experimentaban niveles más altos de estrés y ansiedad, lo que afectaba negativamente su rendimiento en el campo.

Otro estudio, publicado en el International Journal of Sports Psychology en 2020, examinó cómo la agresividad deportiva se convertía en agresión en situaciones de rivalidad intensa. Los investigadores encontraron que los jugadores que no lograban controlar sus emociones tenían más probabilidades de recurrir a conductas agresivas hacia sus oponentes, lo que generaba un ambiente negativo en el deporte.

Estas investigaciones subrayan la importancia de abordar la personalización y el descontrol emocional en el deporte, ya que tienen un impacto directo en el rendimiento de los atletas y en el ambiente competitivo. Para lograr un juego más saludable y efectivo, es esencial que los deportistas y entrenadores comprendan estos efectos y trabajen en estrategias para gestionar las emociones y mantener un enfoque positivo durante las competencias.

Existe una relación en cancha que es preciso esquematizar es: 

Pensamiento-Emoción-Comportamiento

El pensamiento genera una emoción la cual se traduce en un comportamiento determinado. Si el pensamiento es negativo (voy a perder, no me siento preparado, te voy a demostrar quién soy yo, etc.) a esto le llamamos pensamiento limitante, tendrá la capacidad de generar una emoción también negativa (ansiedad, estrés, miedo al fallo o de cometer un error), esta a su vez provocará que el comportamiento del atleta o del equipo se modifique generando un cambio en la dinámica de juego (faltas innecesarias, fallar en jugadas simples, etc.).  

Por lo tanto, la mejor manera de competir es enfocarse en lo que verdaderamente importa para obtener el mejor resultado. Cultivar una mentalidad fuerte permitirá aumentar las oportunidades y mejorar el rendimiento deportivo. De esta manera podríamos impedir que los efectos psicológicos negativos del juego emocional y la personalización dentro de la competición se potencialicen. 

Algunos de esos efectos están:

Aumento del estrés y la ansiedad: Cuando los jugadores personalizan el juego y se dejan llevar por sus emociones, tienden a experimentar niveles más altos de estrés y ansiedad, afectando la concentración y la toma de decisiones.  Ejemplo: Basketball: LeBron James, una de las estrellas más grandes de la NBA, ha enfrentado niveles elevados de estrés y ansiedad en las finales de la NBA, donde las expectativas son enormes y la presión es intensa.

Disminución de la concentración: La personalización y el juego emocional pueden distraer a los atletas de su enfoque en el juego en sí. En lugar de concentrarse en estrategias y ejecución, pueden centrarse en pensamientos y emociones negativas, lo que reduce su capacidad para mantener la concentración en el momento presente. Ejemplo, baloncesto: Dwight Howard, un talentoso jugador de la NBA, ha sido criticado en el pasado por perder la concentración durante los partidos debido a sus emociones y pensamientos negativos.

Comportamiento impulsivo: La emocionalidad excesiva en el juego puede llevar a comportamientos impulsivos. Los atletas pueden tomar decisiones apresuradas, actuar agresivamente o cometer errores no forzados. Ejemplo: Fútbol: Zinedine Zidane, una leyenda del fútbol, protagonizó un incidente impulsivo al dar un cabezazo a un oponente durante la final de la Copa del Mundo de 2006.

Percepción distorsionada: La personalización puede llevar a una percepción distorsionada de la realidad deportiva. Los jugadores pueden interpretar las acciones de los oponentes, el árbitro o incluso de sus propios compañeros de equipo de manera sesgada, lo que puede llevar a malentendidos y conflictos innecesarios. Ejemplo, béisbol: Barry Bonds, una estrella del béisbol, a veces percibía las decisiones de los árbitros de manera sesgada, lo que resultaba en discusiones y conflictos innecesarios.

Menor autocontrol: Los atletas que se involucran en el juego emocional a menudo experimentan dificultades para controlar sus emociones. Dando lugar a reacciones impulsivas, como expresiones verbales o gestos inapropiados, que pueden tener consecuencias negativas en el juego. Ejemplo, boxeo: Mike Tyson, como se mencionó anteriormente, a menudo mostraba una falta de autocontrol en el ring, incluyendo morder a su oponente en una pelea infame.

Reducción de la resiliencia: La personalización y el juego emocional pueden hacer que los jugadores sean menos resistentes a la adversidad. En lugar de enfrentar los desafíos con determinación y adaptabilidad, pueden derrumbarse emocionalmente cuando las cosas no van como esperaban. Ejemplo: Fútbol: Cristiano Ronaldo, a pesar de su éxito, a veces ha mostrado frustración y falta de resiliencia cuando las cosas no han salido como esperaba en partidos importantes.

Para contrarrestar estos efectos psicológicos negativos, es importante que los deportistas desarrollen habilidades de control emocional, como la regulación de la ansiedad y el estrés, la gestión de la frustración y la capacidad de mantener la concentración en el juego en lugar de las emociones personales; sobre todo no tomar la competencia como si fuera un duelo a muerte, concentrándose en una discusión de quien es mejor.

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