Historia de la inmigración árabe en RD

En El Pueblo Dominicano 1850-1900 -justo considerado un estudio seminal de nuestra sociología histórica-, el sociólogo holandés Harry Hoetink consigna cómo en 1896 diecisiete comerciantes establecidos en el distrito azucarero de San Pedro de Macorís peticionaban al Congreso Nacional la adopción de medidas proteccionistas, ante la competencia simultánea de las bodegas centrales de los ingenios

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En El Pueblo Dominicano 1850-1900 -justo considerado un estudio seminal de nuestra sociología histórica-, el sociólogo holandés Harry Hoetink consigna cómo en 1896 diecisiete comerciantes establecidos en el distrito azucarero de San Pedro de Macorís peticionaban al Congreso Nacional la adopción de medidas proteccionistas, ante la competencia simultánea de las bodegas centrales de los ingenios y el comercio ambulatorio de los inmigrantes árabes.

Apostrofando a estos laboriosos y emprendedores comerciantes dotados de un ángel en el arte de negociar, los peticionarios acotaban: “Nuestros campos están llenos de casas de comercio…todo lo cual nos perjudica notablemente, y este perjuicio se aumenta en máximo grado con una invasión de árabes en pueblo y campo, de puerta en puerta, que, dadas sus operaciones comerciales, han abarcado todo el negocio y nos han ido arrollando hasta convertirse nuestro comercio en un cementerio desolado y triste.”

Anatematizando a los árabes, los reclamantes afirmaban: “Sus depósitos son de mayor importancia ya que nuestras casas, y dados sus ínfimos gastos, pues altamente conocida es su manera de vivir, omitiendo todo gasto que no sea estrictamente necesario a la inmunda y mísera subsistencia a que se someten, es imposible luchar con ellos.”

Órganos de prensa secundaron estos esfuerzos por bloquear el libre comercio, pero al final de la historia la perseverancia y las ventajosas formas de practicar el comercio de sirios, libaneses y palestinos, se impusieron a sus contradictores. Como sucediera en el resto de América, estos inmigrantes fueron llamados inapropiadamente “turcos” al hallarse sus territorios de origen bajo el Imperio Otomano hasta 1918.

Precisamente Kassim Elhimani -un periodista entusiasta que anduvo por el Caribe levantando y divulgando información sobre la presencia árabe en el área-, nos aportó un cuadro revelador, particularmente en el comercio, la actividad primaria, aunque no exclusiva, en la que esta inmigración sentó reales. En 1934 publicó Santo Domingo de Ayer y Hoy y en 1940 Los Emigrados, subtitulado Sirios, Libaneses y Palestinos.

Conocí de su existencia gracias al querido Rafael Kasse Acta, miembro meritorio de la segunda generación formada por Emil, Clara y Wilfredo, hijos de Abraham Kasse y Salime Acta Fadul. Hermana ésta de Abraham, Elías, Manuel y Antonia A.F., quienes fijaron residencia en el ingenio Las Pajas y en San Pedro de Macorís, dedicados al comercio detallista y al colonato de caña.

Desde mi infancia estuve vinculado a esta maravillosa colonia, al compartir recorrido de guagua y aulas en el Colegio de la Salle con los Selman, Yeara, Alma, Scheker, Vidal Dauhajre, Decaran, Mauad, Terc, Zaiter, Nader y Licha, e interactuar en San Carlos con los Scheker, Dargam, Jana, Raful y Miguel. Y al participar de las actividades del Centro Sirio Libanés (actual Club Libanés Sirio Palestino), del cual era socio mi tío Arístides Álvarez Sánchez. Cuando regresé de Chile en 1971, el patriarca que fuera Jean Haché me convidó a disertar sobre esta inmigración y su aporte, en los salones de su antiguo local frente al Parque Independencia. Al reanudar operaciones en sus nuevas instalaciones de la Ave 30 de Mayo, ingresé como socio P-D58.

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Siempre he disfrutado los manjares de la culinaria árabe, en hogares a cargo de matriarcas que han mantenido la tradición y en centros gastronómicos esparcidos por el mundo. En el hogar de Jorgito Yeara Nasser, con quien recorrí toda una vida, su madre nos preparaba sabrosos platillos dominicales, que ahora consumo en casa de Maritza Yeara. Aprecié los toques de la cocina de Salima Vidal Dauhajre -hermana de Anisito y esposa de Alfredito Rizek-, parte de una familia entrañable, con don Juan Dauhajre y Antura Antor junto a sus vástagos Johnny y Mery, don Andrés D. y Odette Nader y su brillante prole, entre ella Andy. Del buen tino en la cocina que dominaba Antura, fui beneficiario agradecido.

La última dama en partir ha sido Matilde “Muñeca” Hasbun Vda. Selman, la madre amantísima de mis compañeros de infancia Eduardo, Chichí, Tirso y Jorgito. Una mujer corajuda que levantó familia y prodigó bienaventuranzas en su labor empresarial en la industria del disco.

Elhimani se refiere a Salomón Dauhajre como el patriarca sirio de este linaje, comerciante establecido desde 1911 con La Flor de Damasco, en la Avenida Mella y José Reyes. Casado con Matruka Esalouit, tuvieron a Andrés y Freddy, bautizados en 1938, así como a Juan, quien asumió el negocio en 1953 al fallecer el padre, designado La Nueva Damasco. También aparece don Anís F. Vidal, elegante y buenmozo, “hombre culto y comerciante de esta plaza, establecido en la Avenida Mella 79, importador de tejidos y géneros de puntos”, quien unió lazos con Victoria Dauhajre. Una segunda línea habría derivado de Salomón.

Otra personalidad que figura es Manuel Yabra, vicepresidente del Centro Sirio Libanés, comerciante de origen sirio. Padre, junto a Nicolás (compositor de Concierto de amor) y Freddy Yabra Yege, de Elena, María y Flérida. Esta sumamente hermosa, nombrada “estrella del Reinado Social de 1939”, casaría con el piloto Lorenzo Berry, de la CDA que dirigiera el coronel Charles McLaughin -suegro de Negro Trujillo y vecino de mi barrio-, fundada en 1944. Berry, ligado a la inteligencia americana, operó el supermercado Wimpys en la Bolívar. La pareja jugó un papel clave en la conjura que ajustició a Trujillo, ella con el nombre de guerra Electra.

De origen libanés, Elías Cheij, de Cheij Hermanos, en el ramo de confección de ropa, fue fundador y presidente del Centro Sirio Libanés, casado con Clara Curie. Al igual Nessim Hazim, también presidente, quien tuvo con Aurora a Olga Magali y a Carmen Elena, condecorado por Francia al destacarse en la colonia.

Tres médicos eminentes aparecen en el libro Los Emigrados. El Dr. Antonio Zaiter Slaimen, segunda generación, de padre libanés y madre siria, con clínica en la Avenida Mella 40. El Dr. Antonio Elmúdesi, nacido en Cuba, quien operó clínica de prestigio, consagrado cirujano especializado en París y New York. Y nuestro entrañable Dr. César Dargam, asociado al Hospital Padre Billini, el Leprocomio, la Universidad y el Escogido.

Resaltan en el texto, Fadllala Dauhajre, comerciante con local en la Santomé 108 altos. Salim Jana, con comercio en Ciudad Trujillo. Jacobo J. Lama & Co., con capital social de $40,000, ubicado en Barahona y casado con María Jaar, importador de mercancías y provisiones, exportador de frutos del país. Don Jorge Chami, casado con Vergini, con sus hijos: Fuad, Julieta, Anita y Víctor. El libanés Assad Mocary, matrimoniado con Rativa Frangie, asentado en la Mella, padres de Freddy.

Del mismo modo, aparece Antonio Brinz, casado con Ana, ambos libaneses, con comercio en la calle Mercedes. Sus hijos, Alberto, Carlota y José, estudiantes en el Colegio Quisqueya. También María Salomón Abud, propietaria de la tienda La Ideal en El Conde, comerciante importadora de las medias Monito, ropa interior femenina Holleproof, sedas, fantasías y novedades. Madre de Vinicio y Amelia Reynoso Abud.

En El Conde 49 se hallaba Decaran Hermanos, casa fundada en 1928 por Julio y Gabriel, sirios de raíz armenia, dedicada a la importación de tejidos, fabricantes de camisas marca El Zepelín, trajes para caballeros en driles ingleses y pantalones de fantasías, distribuidores de medias para señoras y perfumes franceses. Gabriel, casado con Victoria Zaiter Slaimen, padre del apreciado compañero lasallista de infancia, Jesús Gabriel Decaran Zaiter, anestesiólogo y amante del jazz. Pariente de mi colega en la Facultad de Economía de la UASD, Manuel Amor Zaiter.

Otro destacable en la obra de Elhimani es don Jorge Mere, comerciante libanés entonces con 30 años en el país, procedente de Beirut, casado con la española Cristina Márquez, en cuya unión procrearon 8 hijos: 5 varones y 3 hembras. El mayor resaltado por el autor, al consignar que Alfredo Mere Márquez -quien casara con prima hermana de mi madre, Montalvo Pichardo, dando origen a la familia Mere Montalvo, entre la que sobresalen María Cristina y Fredín- “es el primer intelectual de la colonia libanesa”. Profesor de la Normal de Varones, impartía las asignaturas Castellano, Literatura e Historia. Elhimani señala, en la rama femenina de los Mere Márquez, a Linda Altagracia.

Un anuncio en la obra citada, corresponde a Antonio P. Haché, casa fundada en 1886 en Santiago -almacenistas importadores y exportadores de café, azúcar y otros productos nacionales. Pionera de esta laboriosa y progresista inmigración, operó La Flor de Siria, establecimiento fundado en 1909 en San Pedro de Macorís, dedicado al comercio importador y a la fabricación de camisas marca Dominican Shirt.

En aviso publicado en La Nación en 1940, la Casa Haché (Antonio P. Haché C por A), sita en Duarte 33 de Santiago, promovía su fortaleza en “licores y coñacs famosos, las provisiones más frescas, los mejores vinos, frutas finas renovadas constantemente, dulces y golosinas”. Resaltando que “comprar una vez en esta casa es hacerse cliente permanente”.

Otros anuncios de Los Emigrados, son los de Nassim J. Diná, importador de accesorios para automóviles y radios, ubicado en el costado Norte del Parque Independencia. De Don Nicolás Resek, de la colonia árabe en Moca, establecido desde 1912 como almacenista, importador y exportador de café, casado con Ivonne. De Yamil Arbaje, unido con Samira, patriarca de ese colectivo étnico en Las Matas de Farfán. De el sirio Habib Neme, matrimoniado con Adela, padre de Matilde y Alberto, Gloria y Elena, Alicia, Nahun y Víctor. Con referencia a Fued Tonos, “joven activo e inteligente”, representante de Nikyo Trading, Tabuchi Yoko y Japan Manufacturers Export Association de Osaka.

Al figurar, como otras, en estos registros impresos, ha quedado estampada la huella de tantas familias laboriosas, llegadas de las lejanas tierras del Levante, que hicieron fecundar la nuestra con su espíritu emprendedor. Enriqueciendo el mosaico de etnias de una dinámica dominicanidad.

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