A dos toques: el adiós de Faña

Jonathan Faña tiene una de las carreras más lindas que un futbolista dominicano haya podido tener

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A Jonathan Faña lo conocí en un viaje que hicimos con la Escuela Bauger a Curazao y Venezuela en 1997. Jorge lo llevaba como refuerzo de la categoría 1986. Aquel era un niño rubio, bajito, tremendo, con su acento cibaeño bien marcado. En la cancha, desde ese entonces fue un delantero que daba gusto verle. Tenía el ADN del futbolista mocano, o más bien, del oriundo mocano que históricamente conocemos, rápido, encarador, apasionado de la pelota y valiente. Todo ese talento presagiaba grandes cosas.

Poco a poco, sin perder el enfoque y a base de mucho trabajo, el fútbol lo fue llevando por los caminos que de pequeño soñó hasta convertirse en jugador profesional, algo que en aquella época para alguien nacido y formando en el país era poco común. Con sus goles se paseó, entre otras, por las ligas de Trinidad y Tobago, El Salvador, Puerto Rico y en nuestra joven LDF de la que fue el máximo artillero de su temporada inaugural.

Representó al país en la selección nacional desde muy joven, donde fue muchos años capitán y de la que terminó siendo uno de sus goleadores históricos. A sus treinta y cinco años, después de una larga ausencia, regresa para despedirse en los amistosos que SEDOFUTBOL tiene programado contra Cuba los próximos 15 y 18 de noviembre. El hincha local tendrá la oportunidad de aplaudirlo por última vez vistiendo nuestra camiseta, y con ese aplauso, agradecerle todos esos goles que acompañaron a una de las carreras más lindas que un futbolista dominicano haya podido tener.

Los presagios se cumplieron. Merecido homenaje.


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